La Naturaleza de la Glosolalia en la Iglesia de Corinto

La discusión exegética de la naturaliza del hablar en lenguas en Corinto a veces ha sido dificultada por la insuficiente claridad sobre las opciones disponibles. Por ejemplo, el artículo de Robert H. Gundry en J.T.S nos limita a dos opciones: “expresión oral estática” o “la capacidad milagrosa dada al hablante para hablar en una lengua extraña”.1 Pero el rótulo “expresión oral estática” describe el estado psicológico del hablante, en cuanto que la descripción en términos de “una lengua extraña al hablante” trata de la clasificación científica de la vocalización (el producto del habla). Es como mezclar churras con merinas. Para una discusión más clara, necesitamos distinguir, por lo menos, cinco parámetros distintos de clasificación.2  (1) ¿Cuál era el estado psicológico del hablante en el momento de la elocución? (2) ¿Cuándo el hablante “comprendió lo que estaba hablando”, ya sea en aquel momento, ya sea posteriormente? (3) ¿Cómo comprendieron los oyentes corintios lo que fue proferido? (4) ¿Cuál es la clasificación del produto del habla en términos científicos modernos? (5) ¿Cómo clasificó el apóstol Pablo lingüísticamente estas expresiones?  Discutiré estas cuestiones una por una.i

  1. ¿Cuál era el estado psicológico del hablante en el momento de la elocución?

Las alternativas son:

A) consciencia normal de vigilia y;

B) estado alterado de consciencia. El estado alterado de consciencia puede ocurrir de muchas formas, tales como somnolencia, embriaguez, alto éxtasis emocional e auto-hipnosis.[i]

Como puesto por Cyril G. Williams, “éxtasis es un término muy vago para se aplicar, a menos que sea abundantemente calificado para aclarar que hay muchos grados de esto, desde la disociación leve hasta un extremo arrebatamiento incontrolable.”[ii] 1ªCo. 14.28 es, de hecho, una indicación de que, al menos ordinariamente, el estado de consciencia no se ha alterado tan severamente que haya perdido el hablante totalmente el “autocontrol.”[iii] Mas, a pesar de esto, es psicológicamente improbable que ningún corintio hablante de lenguas extrañas estuviera emocionalmente estimulado. El estado de consciencia de estos puede haber variado del normal para algún tipo de arrebatamiento emocional. Una vez que, diferentes hablantes de lenguas en Corinto estaban en distinta configuración psicológica, no hay razón para que ellos no pudieran diferir cuando hablaban en lenguas. Los datos en 1ª Corintios no nos permiten hablar más restrictivamente.

  1. ¿Cuánto el hablante “comprendió de lo que estaba hablando”?

Las alternativas son:

a) Él entendió completamente, tan completamente cuanto aquél que habla en su lengua nativa;

b) entendió parcialmente, sea por el contexto general, sea por la identificación de palabras o de fragmentos de expresiones aquí y allá;

c) él no entendió todo. En el caso de un hablante de lengua extraña sin el dueño de interpretación, 1ª Co. 14.14 parece poner las cosas en la categoría “C”, aunque un poco de “B” no debe ser dogmáticamente excluido.[iv] Si el hablante fuera también un intérprete, él presumiblemente caer en la categoría “A”.

En teoría, una interpretación podría ocurrir de por lo menos dos formas: 1) Al intérprete le podría ser dado algo como un dominio del lenguaje propio del hablante nativo de la elocución, y consecuentemente, estar hábil para dar el significado de los fonemas, palabras, frases, y construcción sintáctica, tan bien cuanto de los enunciados completos. 2) Al intérprete podría ser dada la interpretación “desvendada,” sin que él tenga conocimiento profundo de la lengua. Este último método es lo que supuestamente ocurre nos círculos carismáticos modernos. De cualquiera forma, lenguas “puras”, sin interpretación, no eran inteligibles al hablante.

  1. ¿Cómo comprendieron los oyentes corintios lo que fue proferido?

Naturalmente, ellos entendieron como una manifestación del Espíritu. Mas, ¿qué ellos comprendieron en términos lingüísticos? Las principales alternativas son: a) sonidos inconexos, interjecciones, y cualquier otra cosa que no pudiera ser confundida con un lenguaje humano; b) una secuencia de sonidos conectados que les parecía a los oídos un lenguaje humano que ellos no conocían; c) expresiones en un idioma que ellos no conocían (Griego, Latín o algún idioma menor). Como demostró Gundry, el uso de glōssa, laleō y legō (1ª Co. 14.16), y el paralelo con Hechos 2 tienden a excluir la opción “A”[v]. Eso separa el fenómeno de Corinto de una buena parte de los fenómenos místicos y de éxtasis en las religiones helénicas. Además de eso, 1ªCo. 14.28 y 14.13, juntos, muestran que, como regla, las lenguas corintias no estaban en la categoría (c). En general, un dueño especial del Espíritu, no meramente la habilidad natural de entender otra lengua, era necesario para la interpretación (1ª Co. 12.10,30). Sin embargo, si hubo algunos casos de tipo (c) en Corinto, ellos podrían ser eventualmente incluidos en la regla de 1ªCo. 14.28. 1ªCo. 14.28 tendría, entonces, el sentido de: si no hay nadie presente que posea el don espiritual de interpretar y, también, nadie que pueda interpretar por medios naturales, aquél que habla en lenguas esté calado en la iglesia. Por fin, esto es un poco extraño. ¿Cómo podría el hablante de lenguas saber de antemano cual lengua humana identificable él iba a hablar, a fin de verificar si alguien en la asamblea tenía la habilidad natural para traducir? Así, está confirmada nuestra impresión de que, la mayoría, sino todas, las lenguas de los corintios estaban en la categoría “b”.

  1. ¿Cuál es la clasificación del producto del habla en términos científicos modernos?

Las principales alternativas son:

a) una porción conectada de una lengua humana;

b) una porción no identificable como si fuera una lengua humana, pero teniendo la estructura de algo similar a la lengua (“casi-lengua”), de acuerdo con los criterios de la lingüística moderna;

c) una porción con fragmentos de una lengua humana conocida, mas con otras partes desconocidas;

d) una porción sin fragmentos de lengua humana, teniendo derivaciones lingüísticas a partir de padrones comunes para las lenguas humanas, siendo, con todo, indistinguibles a un oyente nativo de una lengua extranjera;

e) porciones inconexas, murmurios, gemidos y otros materiales diversos fácilmente distinguibles de la expresión verbal humana.

Mucho de la glosolalia moderna está en la categoría “d”. Algunos casos están en la categoría (c).[vi] Para las lenguas de Corinto, la información ya obtenida a partir de 1 Corintios 14 excluye la opción (e), mas, todas las otras opciones son, todavía, posibles. (a) es posible, desde que un hablante de lenguas [extrañas] corintio pueda hablar en una lengua humana desconocida por toda la asamblea, mas conocida por alguien de otra parte del mundo (ejemplo, Bantú, Chino, etc.). La opción “a”, naturalmente, será eliminada por aquellos cuyas presuposiciones científicas exigen su eliminación. Mas, con las evidencias disponibles, parece no haber ninguna esperanza de decidir entre las alternativas (b)-(d), o de mostrar si varias de ellas ocurrieron en Corinto.

  1. ¿Cómo clasificó el Apóstol Pablo, lingüísticamente, tales expresiones?

El uso por el Apóstol del término lalein glōssē indica que él las clasificó como algo similar a lengua (“casi-lengua”), probablemente un poco en el sentido abarcado por las alternativas (a)-(d). Él las consideraba como significativas e inteligibles, al menos, para Deus (1Co. 14.2). Con todo, ni él, ni los corintios, podrían tener distinguido entre las alternativas (a)-(d) por los medios naturales disponibles a ellos. Por medios naturales, ellos no podrían haber determinado si todos los enunciados estaban en apenas una de las categorías (a)-(d) o si algunos estaban en diferentes categorías. De cierto que, en Corinto, podría haber algunos casos de “lenguas” en las cuales alguien identificó el lenguaje humana – para la alternativa (a) – o fragmentos del lenguaje – para la alternativa (c) – un poco del mismo modo que se ve registrado en Hechos 2.[vii]. Mas, de acuerdo con I Corintios 14, normalmente, no habría tal identificación.

¿Y después? ¿Tuvo el apóstol Pablo (o pensó haber tenido) una revelación especial, sobrenatural, sobre el asunto, definiendo más cerca del estado lingüístico de algunos o de todos los casos de lenguas extrañas en Corinto? Teóricamente esto sería posible, pero no creo que sea probable. En primer lugar, porque el Apóstol no parece estar tan interesado en el exacto status lingüístico de las lenguas (1Co.13.1). Como señaló Gundry, las condiciones de 13.1-3 son hipotéticas.[viii] Pablo no presentó ninguna teoría en el sentido de que las lenguas fueran angelicales o humanas, antes, sostuvo que eso no era prioritariamente importante.

En segundo lugar, el interés en hacer distinciones entre las alternativas (a)-(d) arriba, transcurre del espíritu científico moderno, e es extraño al primer siglo. El cristiano típico del primer siglo muy probablemente no había ninguna “teoría”, absolutamente, sobre el status lingüístico de las lenguas. Él simplemente aceptó la máxima de 1ªCo.14.2 e la dejó así.[ix]

Tercero, no hay ninguna indicación de que el Apóstol Pablo haya comunicado a los corintios cualquier distinción, lingüísticamente hablando, sobre diferentes tipos de lenguas, o sobre lenguas “verdaderas” vs. “falsas”. Antes, el método de Pablo fue el de afirmar que las lenguas, en general, son un don del Espíritu (1ªCo. 12.10,30), para, enseguida, hacer la distinción entre un uso adecuado y un uso indebido de estas (1ªCo.14.26-33a, 39 e 40).[x] Incluso si Pablo hubiera mencionado alguna vez a los corintios una distinción lingüística, él no lo menciona en I Corintios. Una vez que esa distinción no fue presentada, el lector de Corintios sería obligado a asimilar rápidamente el significado de lalein glōssē a algo que él pudiera comprender extraordinariamente. Así, para el corintio, cualquier cosa que “sonaba como” hablar en lenguas e “funcionaba” como halar en lenguas, era “hablar en lenguas”. En otras palabras, si alguna cosa de la naturaleza de (a)-(d) ocurrió en un culto de Corinto, probablemente habría sido considerado por los cristianos comunes de Corinto como un caso de lenguas [extrañas]. Si Paulo pensaba el contrario, él no lo comunicó en sus epístolas a los corintios.

De esta forma, no tenemos medios de determinar, a partir de las epístolas a los corintios, cual de los casos (a)-(d) ocurrieron, o si todos ocurrieron. Una proposición de un historiador debe, por lo tanto, basarse en su estimativa de la probabilidad intrínseca de Dios realizar o no realizar varios tipos de “milagros” en Corinto y no sobre indicaciones específicas en las mismas epístolas a los corintios.


Título original: The Nature of Corinthian Glossolalia: Possible Options

Tradução para o Espanhol: Thiago Fidélis


[i] Cf. Arnold M. Ludwig, “Altered States of Consciousness,” Trance and Possession States, ed. Raymond Prince (Montreal, 1968), pp. 69-95.

[ii] Williams, op. cit., p. 21.

[iii] Williams, op. cit., p. 21.

[iv] Contra Archibald Robertson and Alfred Plummer, A Critical and Exegetical Commentary on the First Epistle of St. Paul to the Corinthians, 2d ed. (New York, 1929), p. 267.

[v] Gundry, op. cit., pp. 299-307.

[vi] Samarin, op. cit., pp. 73-128. Cf. la clasificación en Emile Lombard, De la glossolalie chez les premiers chrétiens et des phinomènes similaires, étude d’ exégèse et de psychologie (Lausanne, 1910).

[vii] Sobre las dificuldades de percepción con esa identificación, cf. Williams, op. cit., p. 26; and Samarin, op. cit., pp. 107-15.

[viii] Op. cit., p. 301, contra C. K. Barrett, Um Commentary on the First Epistles to the Corinthians (New York: Harper & Row, 1968), pp. 299f.

[ix] Así decir que, “San Pablo entendió ser la glosolalia el hablar en lenguas extrañas” (J. D. Davies, J.T.S. N.S. 3 (1952), p. 231, es básicamente correcto, sin embargo, es muy específico en su sugestión de que debamos hacer lo mismo con algún idioma humano común como Chino o Bantú. Como señaló Williams, glōssa e hermēneuō no tienen esa especificidad cuando “el tema de investigación es lo que parece ser un fenómeno nuevo o por lo menos un que no es familiar en un contexto particular” (op. cit., p. 17).

[x] Mas, 1Co. 12:2f define un límite para todas las manifestaciones extraordinarias del Espíritu. Cf. Tugwell, op. cit., pp. 139f.

Categorias: Dom de Línguas

Deixe uma resposta

Seu endereço de e-mail não pode ser publicado.